lunes, 26 de junio de 2017

contrapuestas

en la boca una humedad inútil, pretenciosa,
en los ojos la vergüenza del que carga un muerto reciente

                                                                              Muy lunes.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Mal mayor

El sonido del metal desgarrando con furia la tierra.
(doce paladas: una, dos...)
Los golpes de la tierra contra el cajón.

El recuerdo de un dolor que viene a rescatarte.

viernes, 19 de mayo de 2017

Desafío

Un balanceo hipnótico entre la osadía y el miedo
(me animo no me animo, me animo no me animo).

Entregarse al dulce vaivén.
Animarse a saltar.
Y caer.


martes, 14 de febrero de 2017

Martes


Tiendo su cama, revuelta de un solo lado.
Saco la botella y la tiro sobre las colillas del tacho.
Me detengo en los pañuelos mojados.

Hoy le dejo un ramo de jazmines para que al regresar no huela
                                                 el perfume de su propia soledad.

                                                               Nunca lo puedo sacar.

miércoles, 25 de enero de 2017

De mis amores. Por: Andros

Siempre me da alegría recibir un nuevo texto para compartir. Desde Chile hoy escribe: Andros (clic). Los dejo con él:    

De mis amores

Amo a Monica Bellucci porque aunque tiene ya sus arruguitas, es la mujer por antonomasia y una delicia a la vista y supongo que al tacto. Y al olfato y al oído. Y al gusto, claro. Amo al escritorio sobre el cual, después de las seis de la tarde, trabajo en mi Mac en los asuntos que me mueven. Amo recientemente (porque aparte de ser sexy sin necesidad de mostrar nada del cuello hacia abajo) a Megan Fox, más desde que supe que es amable y muy acomplejada. Amo a Loreena McKennitt porque me entreabre la puerta para que mire atrás y no olvide del todo al país del que me vine por mi esposa a la que amo, intensamente profundamente locamente, eternamente; amo amarla después del amor. Amo a mis hijas, sorprendido y feliz, por completo agradecido y estresado. Amo a mi madre, siempre admirado, siempre Pilar, siempre camarada. Amo al que oficia, en mi vida, de papá. Lo salvaría a él. Amo a la música, desde Vivaldi hasta Wisin, desde Eminem hasta Satie, desde Chambao hasta Jarabe. Amo a Dios, según lo concibo (a veces con mi frente en tierra, a veces con mi puño en alto). Amo a mi perra, por los muchos recuerdos compartidos, por no soltar la pepa, por los años que roncó a mis pies. Amo crear, comer, dormir. Amo fleta y secretamente a Paul Giamatti, John Cusack y sobretodo a Bruce Willis. Amo los chocolates Trencito en verano, cuando vienen medio blanditos. Y la pizza de pollo del Catus, y la napolitana que por algo es la más pedida. Amo escuchar “La Mañana de Pablo Aguilera” la primera parte de cada jornada. Amo la Teletón que alguien algún día inventará para ayudar también a los discapacitados cognitivos. Amo a Chile, no tanto como para dar mi vida, pero igual. Amo las rutinas, porque como buen obsesivo-compulsivo las necesito para hacer lugar para otros pensamientos. Amo la memoria de mi niñez, tan cubierta por mis abuelos y por la Nina. Amo al tío Pachi, aunque no sea un ejemplo de vida, y lo amo precisamente porque lo conozco y se conoce él mismo y cuando ora es humilde de verdad. Amo la precisión, la simetría, el orden y los días bien trabajados. Amo la libertad dentro de mi cubo; las frases luminosas y breves y la perfección del rostro de Mary Elizabeth Winstead, que aguanta cualquier close-up. Amo la luz tenue de una vela y compartir un té contigo en nuestro dormitorio, bien conversado, y amo dormir después a tu lado todos los días de mi vida. Amo a Wikipedia, pero también a las enciclopedias de papel que nos dieron la base que pudieron. Amo estar en el sillón café con la luz apagada (y la tele aun más apagada) mientras mis sindicalistas me buscan para pedirme cualquier cosa, sin que sepan que estoy ahí, tranquilito tranquilito. Amo el jugo de manzana, cocida o cruda, más incluso que a la Coca-Cola y tanto como al té con canela y limón y con menta de la huerta de Pilar. Amo Internet, en especial cuando es el medio desde el cual se genera una buena conversación offline, en la Fuente Alemana, frente a un buen diplomático con su regia leche con plátano. Amo mi iPhone y amo el cuerpo de una mujer, con todo lo que ofrece. Amo los consomés de pollo cuando es de noche y hace frío, y los tallarines con carne picada pero, cuando se puede, amo más derechamente la lasaña. 
                             
                                    ¡Muchas gracias y bienvenido!
                           


 

viernes, 20 de enero de 2017

Matilde debe morir - Cristian Acevedo.

Libro nuevito. Autor contemporáneo. Ambos de acá.

Me lo leí en patas, como corresponde. Me divertí muchísimo con las ocurrencias del autor.
Me divertí y me inquieté también.  
Pero sobre todo disfruté un montón leer.
Me sorprend la forma en que está escrita la novela, el autor es un mandón y le habla directamente al lector, que  se ve obligado a ser un personaje si quiere seguir. Está narrada en segunda persona y... basta, no voy a contar más.
 
Me lo releí en patas y con un lápiz en la mano, porque tenía que volver y subrayarlo todo. Porque está lleno de frases de esas,  de las que no pueden estar escritas mejor, de las que hay que subrayar: por simples, por ciertas.

Tomo un fragmento del texto que escribió Adrián Granato sobre Matilde debe morir, yo no podría decirlo mejor: 

"Cristian Acevedo no va a lo seguro: se arriesga. "Matilde debe morir" agarra al lector de los hombros y lo obliga a tomar decisiones, a hacerse cargo. Desde el primer capítulo las cosas quedan claras: usted va a ser partícipe necesario de esta novela. Será uno más en ese bar de Charcas y Armenia. Será testigo —¿o el asesino?— de un homicidio.
Todos los días, Matilde entra a ese bar a escribir. Y después leerá en voz alta, y nos iremos enterando de situaciones ficticias o no, que irán creando una madeja de suposiciones.
¿Quién es Valentín? ¿Quién es el bigotudo de la mesa 2? Y lo más importante: ¿quién es Matilde, y por qué debe morir? ¿Somos conscientes de nuestros actos, o el destino ya está marcado y somos arrastrados a un final perverso?

La respuesta está ahí, en el mismo libro —¿o es una pesadilla en forma de libro?—, y sólo espera que des vuelta la última página.
Arriesgate. El camino es entretenido."   


Clic acá y allá: Matilde debe morir   Cristian Acevedo  @CristianAcv

                                                         Bueno, nada, uno de esos libros que me encantan. 


Título: Matilde debe morir 
Autor: Cristian Acevedo.
  • Editorial:Barenhaus

  • ISBN: 978-987410903-3

  • Páginas: 144

  • Idioma: Castellano

miércoles, 18 de enero de 2017

Leo y releo: las palabras justas en el lugar exacto, me conmueve tanta precisión. 
Todo lo que dice y no.
Leo y releo, para qué intentar.
                                                                                                                  Releer(te)calma.